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Un pensamiento por Rafael Gutiérrez Girardot

Un pensamiento por Rafael Gutiérrez Girardot

Durante el pasado mes de mayo trajimos a nuestra memoria, con lo que pudiera llamarse un regocijo de lectura, la figura de Rafael Gutiérrez Girardot, quien aún es, sin duda, el intelectual colombiano de mayor reconocimiento internacional, como lo registra la ficha bibliográfica de la biblioteca Luis Ángel Arango.

A este filósofo, nacido en Sogamoso (5 de mayo de 1928 – 27 de mayo 2005) “pocas personas, no más de dos mil en una ciudad (como Bogotá) de cinco millones de habitantes saben de él”, escribía en un reportaje el también lastimosamente extinto periodista Fernando Garavito, cuyo seudónimo fue Juan Mosca[1].

A Gutiérrez Girardot le caracterizaron su versatilidad y erudición durante su vida de ensayista, crítico, prologuista y traductor del alemán de obras como la Histórica de Droysen, Humanismo occidental de Hugo Friedrich, Lenz de Georg Büchner, Max Weber y la Sociología de la historia de Janosca-Bendl, entre otras.

La educación fue uno de los temas al que más acudían los entrevistadores de Gutiérrez Girardot. El motivo era simple: su posición fue clara, profunda y crítica de nuestro sistema educativo, en especial en lo referente a la educación superior privada. Para RGG era inconcebible que gracias a una injustificada ´apertura´, el Estado colombiano y en general en América Latina, aceptara el funcionamiento de tantas y tantas ´universidades de garaje´. Es lastimoso el estado de abandono financiero de la universidad pública en contraste con las cómodas edificaciones de las universidades privadas, que en apariencia son sin ánimo de lucro, pero que gozan de financiación estatal.

La universidad privada favorece la inequidad, por sus mismas características de puertas abiertas exclusivas para una élite monetaria. Y aún cuando ésta ofrece becas y estímulos financieros en las matrículas para los estudiantes más aventajados “subsiste sin embargo el hecho de que esta concesión caritativa de ningún modo se adecua a superar el abismo entre la universidad privada y la estatal”[2], afirma el maestro Gutiérrez Girardot.

La educación privada, según el filósofo, ha contribuido al crecimiento y fortalecimiento del egoísmo hacia el país, “fue a partir de considerar la libertad de enseñanza como la libertad para fundar colegios y universidades”[3]. En Europa o en países del sudeste asiático el funcionamiento de instituciones privadas es escaso; allí se considera que, para avanzar la sociedad necesita de una educación pública unificada pero universal, y con una importante dedicación a la investigación.

En contraste, los ministros de educación colombianos que, seguramente han estado en esos países, no aplican lo bueno conocido, e imponen unas políticas educativas que reproducen –en detrimento del país— exactamente lo contrario.

Vemos con asombro que ni siquiera la práctica de la política educativa de Santos Calderón es coherente con su discurso. El presidente habla de “pertinencia de la educación”, con lo cual se entiende que todo debería estar encaminado a fortalecer sus “locomotoras”. Pero debido a esa mal entendida libertad de enseñanza, en Sogamoso por ejemplo, una universidad privada con muy claros objetivos mercantiles, abre facultades de Derecho y Arquitectura, dado que estas carreras, en apariencia liberales, no requieren ni laboratorios ni investigación.

Junto a lo anterior está la contratación de los docentes, que son pésimamente pagos y sin ningún compromiso educativo, porque son contratados por horas y sin incentivos para poner en práctica la investigación.

A Gutiérrez Girardot le preguntaron qué haría en el hipotético caso de ser ministro de educación. Su respuesta fue contundente. “Si fuera así, expropiaría a la mayoría de los dueños de las universidades privadas”.

[1] País que duele, Juan Mosca

[2] Rafael Gutiérrez Girardot. Hispanoamérica: Imágenes y perspectivas. Compilación de Juan Guillermo Gómez y José Hernán Castilla. Bogotá, Editorial Temis, 1989.

[3] País que duele, Juan Mosca

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