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Por qué defender al Lago de Tota.

Autor: Felipe Andrés Velasco Sáenz*

Porque no hacerlo lo tiene expuesto a un triste desenlace en lo ambiental, lo social y lo económico. Y porque dejarlo sufrir, es un ejemplo de sociedad fallida, de desamor por la vida y por la naturaleza.

Tengo 45 años, y los primeros 42 pasaron en vano frente a las necesidades de acción en defensa del Lago de Tota. Desperté mi conciencia ambiental algo tarde, pero no demasiado; y ojalá éstas pocas líneas animen el despertar de muchos más. No se requiere ser titulado biólogo ni ecólogo, y en verdad creo que no se requiere ninguna otra particular etiqueta; lo que sí es necesario es la voluntad.

En mi caso requerí sufrirlo, para interrumpir el largo sueño. Alquilé un terreno ribereño a un industrial truchicultor en jaulones flotantes, pensando en algún beneficio; pero bastó 1 año para entender mi error de haber permitido, con ese arriendo, la presencia de una actividad insostenible que equivale a un alcantarillado sin tratamiento ni control: Todas las excretas animales y el alimento no comido, van directo al agua y lecho sin tratamiento alguno, y hablamos de muchos miles de animales y de muchos kilos diarios de descarga orgánica. En efecto, al año comenzaron a brotar algas extrañas en la orilla, y allí me volví doliente al entender después que eso era una manifestación de la eutrofización.

La misma eutrofización que, después comprendí también ante tanta elodea existente en el lago; es resultado del barrido orgánico en prácticas agrícolas extensivas, o en la descarga del alcantarillado local, y también por cuenta de pozos sépticos en mal estado –o por ausencia de estos.

Y así, en un abrir y cerrar de ojos, de repente sentí cómo el Lago de Tota me hablaba, me pedía con lágrimas que le ayudara y lo defendiera de todo lo que sufre; y sentí cómo, desde siempre lo dijo, pero yo jamás quise o pude escucharlo; y pese a verlo tantas veces jamás tampoco pude o quise observarlo –y esto que va para mí, seguramente aplique a usted también amigo lector.

No es palabrería; realmente sentí una comunicación con el lago –asunto que no sé cómo explicar.

Al Lago de Tota lo afectan las descargas orgánicas por múltiples fuentes, las descargas químicas nocivas al agua que vienen de la mano con aquellas (medicamentos y nutrientes agropecuarios), la deforestación de flora nativa para reemplazo con siembras foráneas (caso eucalipto y pino) o cultivos agropecuarios, la desertificación o nula restauración ecológica, la presión agropecuaria en tierras intocables de páramo, la invasión de su ronda para actividades agrícolas e incluso infraestructura, las basuras que a diestra y siniestra le llegan de todas partes (tarros, pañales, animales muertos, talegas con residuos múltiples, etcétera), el represamiento de quebradas en su cuenca, la minería informal, los múltiples y grandes usos de agua (caudal de uso estimado en 1,500 L/s, que comparten acueductos, industria y las actividades agrícolas) con mínima y en mayoría nula compensación o retorno justo por el servicio hídrico (a tarifa de acueducto en Sogamoso, ese caudal representaría ingresos por $150 millones diarios, o $55 mil millones al año –algo así como US$30 millones anuales); y otras tantas. Es una lista lamentablemente larga y grave. Lo más grave sin embargo, reposa en el adormilamiento de conciencias, a todo nivel (individual, local, regional y nacional; en lo privado y lo público); y siendo lo más grave, en su despertar reposa la fuerza de la solución.

De ese lago tan sufrido como lo está, se surten y dependen cerca de 400 mil personas de agua para consumo humano (algunos dicen que 250 mil, otros que 500 mil), subsisten aves que en número de especies desde el año 2003  han sido registradas 116 (7 de ellas endémicas), procuran subsistir también varias especies de flora y fauna nativas, y dependen economías diversas y rentables (cultivo de cebolla, cultivo de trucha en jaulones, industria, compañía de acueducto, turismo).

No en vano fue preciso llamar la atención nacional y protestar con un desnudo colectivo el pasado 18 de marzo, y tiene todo el sentido haber postulado al Lago de Tota al premio internacional Globo Gris (que organiza la WWN –World Wetland Network) por cuenta de sus impactos y los malos manejos históricos que ha tenido. Ello y más acciones y gestiones a través de la causa Defensa del Lago de Tota; no para quedarnos en la protesta, de ninguna manera. Lo que buscamos es fomentar mejores prácticas en el humedal y su cuenca, que beneficien a todos pero primero al ecosistema, con un objetivo claro frente al lago: Recuperación y preservación perpetua, con criterios de uso racional.

Que del Lago de Tota y su cuenca nos podamos favorecer de sus potenciales de servicio, perfecto; pero de modo sostenible, garantizando primero que su estado ambiental se recupere y proteja por siempre.

Y por ello mismo fomentamos que el Lago de Tota sea designado por el Estado como sitio Ramsar  (oficialmente como humedal de importancia internacional), procuramos que se estructure el proyecto de un Centro de Humedales (centro de investigación y cultura en humedales, con parque jardín botánico en la isla San Pedro, y observatorio astronómico); y anhelamos desarrollar varias redes de Hostales rurales de 1 habitación, en casas campesinas de raizales en la cuenca; entre otros. En todo esto, el beneficio a niños, a locales y al turismo de naturaleza y cultura, son componentes comunes.

No importa cual o cómo sea el mecanismo para despertar nuestra conciencia socio-ambiental, siempre que seamos más, seremos al tiempo una mejor sociedad, y habrá esperanza.

*Director  Fundación Montecito – http://fundacionmontecito.org

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