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El Salado: Resurge del horror de la violencia para alcanzar un mejor futuro

Niños de El Salado recibieron al Presidente de los colombianos. Foto: Javier Casella – SIG

Por Pablo Moreno

Algunos de los habitantes del corregimiento de El Salado recuerdan que hace 13 años, junto al arroyo Las Vacas, con un disparo en la cabeza, cayó la primera víctima de aquella masacre, que entre el 16 y el 21 de febrero cobró las vidas de más de 60 personas, a manos de integrantes de las autodefensas ilegales.

 Varias de las víctimas, por sorteo, fueron decapitadas o torturadas; la barbarie llego al punto de amarrar a una menor a un poste y dejar que lentamente se fuera deshidratando mientras a sus padres les apuntaban con un fusil a sus cabezas y eran obligados a responder si tenían nexos con la guerrilla.

 Frente a la iglesia Nuestra Señora del Rosario el respeto por la vida desapareció poco a poco. Se abusó de mujeres, otras víctimas fueron golpeadas, ahorcadas, recibieron tiros de gracias y algunas fueron decapitadas y con sus cabezas los victimarios jugaron fútbol.

 En el poblado se mezclaban los acordes vallenatos, los brindis con el sonido de las motosierras que ahogaban los gritos de los sacrificados en ese corregimiento del Carmen de Bolívar.

 Los sobrevivientes fueron testigos de cómo su pueblo ya no sería cabecera municipal, como se pretendía hacerlo para ese entonces, pero en cambio dejaría de ser uno de los principales exportadores de tabaco de la región.

 Esos lugareños, supervivientes del horror, escaparon hacia Turbaco, Arjona, Cartagena y Barranquilla, para olvidar la incursión de los hombres al mando

Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40. Esas gentes solo tendrían lágrimas para cauterizar sus heridas.

 Trece años después…

 Hoy El Salado tiene un centro de salud, un puesto de Policía y una escuela. Los habitantes más curiosos empelan su tiempo en la biblioteca y sus carcajadas juguetonas alegran la vida de los saladeros que han retornado, de a poco, a su terruño.

 Dos hombres hacen parte de este regreso. Ellos añoran para su gente un mejor futuro: Pedro Humberto Medina, quien volvió en febrero 2002 y Luis Alfredo Torres, fundador de Asodesbol (Asociación de Desplazados del Salado Bolívar).

 “Teníamos el don de procesar el tabaco en nuestro pueblo. Había cinco procesadoras de tabaco y eso nos daba la oportunidad de tener recursos extra en nuestras familias. Queremos retomar ese camino, estamos agradecidos con Dios y las empresas que nos han apoyado”, relata Pedro Humberto.

 Él prefirió regresar al campo y no como dice “mendigar” como les tocó a algunos conocidos suyos en las ciudades-.

 Su pasión por las tradiciones culturales lo llevó a presentar, con ayuda de la comunidad, un proyecto al Ministerio de Cultura para darle un empujoncito a la formación del grupo de niños gaiteros.

 Su petición tuvo éxito. Fueron apoyados con un profesor y recursos. “Nosotros nos fuimos pero la cultura quedo aquí y no hay que dejarla perder”, sostiene Pedro y cede la palabra a Luis Alfredo, su amigo.

 Luis Alfredo ‘padece’ de servirle a los demás.

 “Yo naci con esa ‘enfermedad’, yo quisiera que fuera contagiosa; que las personas que se encuentran conmigo se contagiaran para que lo hiciéramos juntos. No solo en la comunidad del Salado sino en toda Colombia para luchar por el respeto a los derechos fundamentales del ser humano y ser más solidarios con el dolor de los demás”, él es un hombre entrado en años pero con un espíritu joven.

 “Esta historia está partida en dos en El Salado: Después de la danza de la muerte, el retorno es un proceso largo. El papá de Pedro, Roberto, y un grupo de mujeres valientes pensamos que si queríamos recuperar el pueblo no podíamos hacerlo diseminados por Colombia; fue a si como conformamos un 4 de febrero en Cartagena Asdesbol, la única meta que se tenía era el retorno”, sostiene Alfredo.

 Su elocuencia envuelve y atrae a los curiosos que presencian la entrevista. Se quita su sombrero vueltiao y como el mejor de los historiadores toma un poco de fresco y recuerda aquel 4 de noviembre de 2002, cuando llegó al pueblo abriéndose paso por entre la maleza.

 El recién nombrado residente de Asdesbol consiguió unos pocos alimentos y emprendió el retorno a casa.

 “Fue así como una mancha de hombres y mujeres valientes nos atrevimos a coger la bandera de la paz. No había camino. Machete en mano, pala y pico, arreglando entre todos la vía de 19 kilómetros desde el Carmen de Bolívar, llegamos a vivir en lo que es nuestro para reconstruir nuestro proyecto de vida”, relata.

 Alfredo quiere superar tres necesidades fundamentales para su pueblo. La primera es lograr una vía transitable para sacar los productos agrícolas hacia las ciudades vecinas.

 “Parte de la reparación que podrían brindarle al Salado serían esos 19 kilómetros en concreto rígido o en asfalto para poder desarrollarnos”.

 Mirando a Pedro -su compañero de batallas- coinciden en un punto fundamental para el pleno desarrollo del pueblo: la educación.

 Según ellos, a la fecha no se ha podido brindar educación pese a la infraestructura que existe. El problema es que no cuentan con los 18 profesores que se necesitan.

 El último punto es la vivienda, como prioridad para darle calidad de vida a los lugareños. Una base de datos creada por la Fundación que lidera Luis torres, revela que el hacinamiento llega al 32 por ciento.

 Don Luis suspira, hace una pausa en su relato y señala con su índice un vetusto armazón de lo que un día fue su casa, luego, tras eludir las lágrimas, recobra el aliento y agrade al Gobierno por cumplir su palabra de ayudarlo en la construcción de viviendas dignas para los moradores de El Salado.

 El comienzo del futuro…

 Hoy 21 de marzo de 2013 estas lejanas tierras verán surgir de las cenizas y de los amargos recuerdos la primera piedra de 100 viviendas que entregara el Gobierno.

 Estas casas son parte del programa de las cien mil viviendas gratis que tienen como fin dar calidad de vida a las personas de bajos recursos.

 “Con la solución de viviendas de dignidad soluciona esa gran necesidad de habitabilidad que tenemos aquí y se constituye en un incentivo para que las personas que están desperdigadas viviendo en otras ciudades se animen a retornar”, afirma con seguridad Luis.

 Dice un refrán popular que de “grano en grano se llena el buche” y don Luis poco a poco con sus compañeros de la Fundación están recogiendo el fruto de sus esfuerzos, no obstante las dificultades que han tenido en el camino.

 “Yo quiero si me permite agradecerle al Presidente Juan Manuel Santos, a nombre de esta comunidad y decirle que él pasa a la memoria del Salado por ser el primero y el único Presidente que ha venido en dos ocasiones. Quiero escuchar de sus labios: vengo a decirles que aquí se harán 100 casas gratis para las familias saladeras”, sostiene Luis quien, además, confiesa su admiración por el Nobel Gabriel García Márquez.

 El Salado también tiene sus mariposas amarillas y fueron motivo de inspiración para materializar la bandera que simboliza la Fundación que preside.

 “El color azul es nuestro cielo; blanco en el centro, por la paz; y en medio un sol amarillo que es la fuerza y el calor que nos da; abajo, verde pradera con sus montañas. Esa es nuestra bandera del retorno”, remata Luis.

 

 

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