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Sogamoso conmemora 208 años de vida republicana

Hace 208 años el 6 de septiembre de 1810 Sogamoso recibió el título de Villa Republicana debido a su patriotismo. Por eso en la capital de la Provincia Sugamuxi se realizarán durante esta jornada varias actividades de carácter cultural para la ciudadanía. El otorgamiento de este título ha adquirido un enorme valor para los sogamoseños y en general para la población que tiene alguna relación con el municipio. Hoy la Alcaldía de Sogamoso ha decidido realizar una serie de eventos que resalten el valor de esta fecha para la ciudad. En pleno siglo XXI El periodista Jorge Armando Rodríguez Avella rememora en un escrito titulado – Nuestro seis de septiembre– la historia de este municipio del departamento de Boyacá.

 

El Arquitecto e Historiador Alberto Coy Montaña, elaboró estas plumillas de la casa donde se proclamo como provincia a Sogamoso el 23 de Agosto de 1810 ubicada en la carrera 11 con calle 12 la cual fue demolida en el año de 1940. Abajo se aprecia el palacio del corregidor construido en la colonia por el corregidor Alonso Romero Duarte designado por la real cédula de 11 de mayo de 1.756. 

Por Jorge Armando Rodríguez Avella

NUESTRO SEIS DE SEPTIEMBRE

Para ese 20 de julio, Sogamoso era un corregimiento que en 1758 don Alfonso Romero Duarte logró independizarlo de la jurisdicción cabildante de Tunja para ser de provisión real, como Resguardo con cierta autonomía por el accionar de su propio cabildo. Sin embargo, continuó perteneciendo a la Provincia de Tunja.

Este español hizo construir en el marco de la hoy Plaza de la Villa –en donde actualmente funciona el Concejo Municipal— la primera edificación de dos plantas, el Palacio del Corregidor, que servía de cárcel en su primer piso y en cuya planta alta estaban los despachos del Corregidor, del teniente y del alcalde quien para entonces ejercía las funciones de policía.

Suamox era un asentamiento cuya población poseía una preeminencia especial por ser centro religioso ancestral y que muchos años antes de la llegada de los españoles, era ya un importante centro de acopio de productos agrícolas y traídos de los Llanos orientales y de regiones más lejanas incluida la Costa Caribe. Aquí se desarrollaba un continuo mercado entre todos los pueblos del valle de Iraka y sus tierras feraces producían todos los alimentos que los aborígenes cultivaban y, posteriormente, con aquellos traídos por los conquistadores.

Sogamoso y los pueblos que le circundan, han mantenido antiquísimos nexos comerciales, familiares, religiosos convirtiéndolos en una unidad territorial ancestral.

La atracción y codicia que despertaba este Valle de Iraka, se remitía a muchos años atrás, tanto que Jiménez de Quesada en 1566 le suplicaba a la Corte que le aumentara sus ingresos en 3.000 pesos de renta o que le otorgara “los repartimientos de Sogamoso, Hontibón y Guasca que están en la Real Corona”. La solicitud no le fue concedida al famoso Adelantado, porque los réditos producidos por estos Resguardos eran para quienes llevaban las cuentas de la Corona y a la que le participaban sólo una parte de lo recaudado.

En 1572 el procurador General de Tunja, el peninsular Bernardino Mojica y Guevara le propuso al presidente del Cabildo de Santafé, Venero de Leiva, que erigieran a Sogamoso como Villeta para que allí pudiesen encontrar oficio y trabajo muchos españoles desocupados que vagaban y estorbaban a la desde entonces, empinada clase blasonada tunjana. Otra vez la respuesta fue negativa, no por razones administrativas sino por la comodidad de percibir los productos e impuestos producidos por esta tierra de aborígenes.1

Una de las aspiraciones de los corregimientos consistía en solicitarle a la corona de ser erigido como villa. Sin embargo, el camino para conseguir tal designación era dificultoso: la burocracia española exigía algunos requerimientos formales, como el aumento de la población de la localidad, para obtener una Cédula Real que permitía a los lugares tener dentro de sí los recursos de la justicia.2 Pero lo más sustancial eran los aportes y, sobre todo, los trámites que hacían las delicias de los funcionarios encargados de los despachos, quienes exigían ingentes sumas de dinero antes de dar paso a cualquier solicitud que debiera atravesar el Atlántico y llegar a la Corte de Madrid.

Los “recursos de justicia” consistían en el derecho a gobernarse por sí mismos y a utilizar como emblemas de la villa una bandera y su escudo de armas que le identificaba con personalidad propia. La autogobernabilidad daba un respiro y posibilidades diferentes al destino de los recursos obtenidos por sus habitantes. En el caso de Sogamoso la posibilidad de la abolición de los Resguardos constituía una reivindicación mayor, dado que la mayoría de su población la integraban indígenas y mestizos. Independizarse de Tunja formaba parte del camino hacia su relativo libre albedrío económico.

Esta reivindicación venía desde la Revolución de los Comuneros –29 años atrás— cuando los sogamoseños también adhirieron, en todas las formas posibles, con esa causa revolucionaria quedando plasmada en la Séptima Capitulación Comunera de 1781 “(…) asimismo que los indios que se hayan ausentado3 del pueblo que obtenían cuyo Resguardo no se haya vendido, ni permutado sean devueltos a sus tierras de inmemorial posesión, y que todos los Resguardos que de presente posean les queden, no sólo en el uso, sino en cabal propiedad para poder usar de ellos como tales dueños”.

Comienzos de la Villa

Cuando los sogamoseños tuvieron noticia unos días después de lo ocurrido con el famoso florero del 20 de julio de 1810, no vacilaron en reunirse en cabildo en una casa situada en la hoy carrera 11 con calle 12, para proclamar su adhesión revolucionaria a los propósitos del la Junta Suprema, en apariencia libertarios…

El periódico santafereño Diario Político reseña en su edición del 30 de octubre de 1810, lo acontecido en Sogamoso durante los días 27 y 28 de julio y sus resultados: “También se recibió un extraordinario de Sogamoso, remitido por don Manuel Lagos y don Domingo José Benítez en que ofrecían sus facultades en beneficio de la patria, proponiendo levantar tropas a su costa. La junta contestó que formasen en el Distrito de Sogamoso dos regimientos, nombrando a Lagos y Benítez por coroneles y facultando a éstos para que creasen los demás oficiales a su satisfacción”.4 Afloraban otra vez los ímpetus rebeldes, ahora con visos de independencia, haciendo eco también del sentimiento libertario que invadía toda la geografía del virreinato y de la América española.

Los sogamoseños invitaron a los habitantes de Chiquinquirá a que les siguieran en su causa. Así mismo, otras poblaciones declararon su independencia de las capitales de Provincia neogranadina. En medio del alborozo, el 6 de septiembre y sin prever todas las consecuencias políticas y económicas que podrían acarrearles en el futuro inmediato a los criollos de rancia estirpe, la Junta Suprema otorgó el título de Villa a las poblaciones de Zipaquirá, Ubaté, Chocontá, La Mesa, Cáqueza, Turmequé, Chiquinquirá y por supuesto a Sogamoso.

La Junta Suprema había dado a conocer su intención de convocar un Congreso a través de una circular, emitida el 29 de julio, en la que se solicitaba a las Provincias el nombramiento de delegados. Se daba inicio a la conformación de un nuevo Estado que marcaba límites políticos con la Metrópoli española, habida cuenta también de los sucesos que se vivían allá, ante la ausencia del soberano, Fernando VII, `invitado´ por los franceses de Napoleón a quedarse quieto en Bayona, ciudad francesa fronteriza con España.

El movimiento de creación de Juntas independentistas por doquier, si bien mostraba un rechazo a la dominación española y podía verse como una ola revolucionaria no lo era con exactitud. Dentro de la Junta Suprema y acompañándola ideológicamente figuraban personajes de mucho poder con ideas que no concebían la soberanía granadina, sino que defendían la igualdad con los peninsulares para ocupar sus cargos públicos, la preservación del estamento religioso católico y por ningún motivo perder los privilegios económicos heredados de los Resguardos.

Para empezar, la presidencia de la Junta la ejercía el virrey Antonio Amar y Borbón, como vicepresidente estaba la figura de José Miguel Pey, ilustre representante del rancio criollato e hijo nada menos que de Juan Francisco Pey quien fue oidor y tuvo la célebre y triste función de ejercer la acusación contra José Antonio Galán, del sogamoseño Juan Lorenzo Alcantuz y sus otros compañeros comuneros, que fueron atrozmente asesinados, descuartizados y exhibidos en diferentes plazas.

En forma diferente actuaban en Santa Fe otros con ideas mucho más claras, como José María Carbonell contradictor de las ideas del patriciado criollo que quería el control absoluto de las masas populares ante su posible desbordamiento.

Carbonell lideró una verdadera insurrección durante los días siguientes al 20 de julio, con los habitantes de barrios populares como San Victorino. Esto le costaría graves inconvenientes, como ser apresado en varias ocasiones, por orden de la Junta Suprema. En ese mismo sentido pensaba don Antonio Nariño quien, para la fecha de la firma del Acta, se encontraba preso en una mazmorra de Cartagena de Indias por haber traducido Los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Sin embargo logró su libertad, unas semanas después, gracias a las gestiones realizadas en su favor, por su tío materno, por don Manuel Bernardo de Álvarez y se unió a la causa libertaria.

Sogamoso era una de esas localidades a las que jerárquicamente se les tenía como de inferior importancia política, fundamentalmente porque su población, como ya se dijo, estaba en su mayoría integrada por indígenas y mestizos. La discriminación era latente en las concepciones coloniales de los criollos, estos hablaban de igualdad frente a España y proponían un relativo federalismo independentista para ofrecer satisfacción a sus aspiraciones económicas personales, mas no para los aborígenes y mestizos que conformaban la mayoría de la población de las localidades y habían declarado su adhesión al grito de Independencia.

El poder tunjano lo ejercían descendientes directos de conquistadores encomenderos y de aquellos que se habían prestado para torpedear el avance Comunero años atrás. A estos criollos tampoco les gustaba la idea que en su Provincia existiera un movimiento separatista, como el de Sogamoso. Eran propietarios de Encomiendas y percibían tributos de los “pueblos miserables”, como los denominaba el abogado Camilo Torres Tenorio.

Sucesos en España

Napoleón en 1808 colocó en el trono español a su hermano José –llamado por el pueblo Pepe Botellas— pero la noticia no llegó al Virreinato de la Nueva Granada sino hasta el 14 de enero de 1809. Como un ‘atrevimiento criminal’ calificó don Camilo Torres la invasión francesa y lógicamente se opuso, expresándolo de diversas maneras, incluidas misas de desagravio y uniéndose al grito de ¡Viva Fernando VII!, Torres proponía seguir el ejemplo de las provincias españolas que se proclamaron soberanas para apoyar al rey, pero sin contestar su autoridad. Este punto de vista, de defensa del soberano, Torres lo tomó como consigna durante los sucesos del 20 de julio y siguientes.

Los ímpetus revolucionarios del criollato de estirpe llegaban hasta un punto muy definido. La Constitución Norteamericana, vigente desde 1787, les ofrecía ideas para federarse y arrogarse el poder provincial en desmedro de la tradicional capital del Virreinato. Pero con gran preocupación veían que, una vez declarada la Independencia, se les creciera el fervor revolucionario a sus respectivos pueblos, lo cual podría derivar en revueltas incontrolables.

Por tal razón su “independencia” debía estar sujeta a la obediencia al rey Fernando VII, así este no estuviera en funciones de gobernante. Se debía aplicar entonces, un federalismo controlado para evitar que el pueblo respondiera con un federalismo revolucionario, que permitiera a villas y regiones enteras separarse de la jurisdicción de las antiguas provincias coloniales. Con este proceso, a los criollos se les estaba diluyendo el poder para situarse en los niveles más próximos a la influencia popular y tuvo sus primeras manifestaciones en aquellas zonas, como Tunja, donde era más aguda la tensión entre los estratos populares y la codiciosa clase criolla.

Emigdio Benítez Plata

El 22 de diciembre de 1810, la Junta Suprema citó a las provincias para que enviaran delegados y así conformar el Congreso de la Nueva Granada. Sogamoso designó como su representante a un abogado participante como vocal en la Junta Suprema de Santafé. Era el doctor Emigdio Benítez Plata, oriundo del Socorro, pregonero de un federalismo revolucionario, miembro del Partido Popular y amigo de José María Carbonell.

El único en manifestar su rechazo frontal a la designación de un representante de Sogamoso fue Camilo Torres Tenorio, blasonado payanés quien se desempeñaba como secretario de la Junta Suprema y delegado al Congreso por la provincia de Pamplona. Después de referirse a Sogamoso en los términos más despectivos, calificando a sus habitantes, por el hecho de ser indígenas, de “pueblos miserables”, declaró que su representada, la Provincia de Pamplona, había decidido “no reconocer a Sogamoso bajo esta calidad, ni de consiguiente admitir su representante; que no se debían admitir otros que los de las provincias habitadas por tales en el antiguo gobierno”. Torres increpó al Congreso diciendo que todo lo que se acordara en sus sesiones con la participación del diputado Benítez Plata, sería nulo y Pamplona no reconocía a Sogamoso y abandonó la sala espectacularmente.5

Personajes como Carbonell, Benítez Plata y Antonio Nariño buscaban las esperanzas de acabar con el sistema económico español repleto de inequidades, de opresión, que sojuzgaba a naturales, mestizos y criollos `baratos. Contra esta concepción humanista y justa se oponía Camilo Torres, el mismo que redactó el Memorial de Agravios, y toda su camarilla de notables preocupados por el ejercicio del poder para ellos: excluyente y antipopular y que, además, se consideraban de la misma sangre azul que Fernando VII.

Si Camilo Torres no concebía que Cali y Buga se retiraran de su capital Popayán, mucho menos veía con buenos ojos el protagonismo de Sogamoso. Tan es así que mostró su arrepentimiento por habérsele concedido a la ciudad el título de Villa, lo demuestra en esta carta que dirige al Congreso:

El pueblo de Sogamoso ni era ni podía ser Provincia, pues carecía de territorio propio, aun para el título de Villa, que bien o mal se le había librado por la Junta Suprema de Santafé, hallándose situado en Resguardo de indios y siendo de la Provincia de Tunja”.6

Para la historia quedaron los testimonios suscritos por diferentes representantes que asistían al Congreso y que muestran la diferencia de opiniones y de posiciones de clase frente a las ambiciones de la Junta Suprema, aquí algunos de ellos:

Sogamoso merece un representante, porque cuarenta mil almas tienen proporción con cuarenta y cinco mil que tiene la Provincia de Neiva, y veintiséis mil que apenas reúne el señor representante de Mariquita…” (Manuel Campos diputado de Neiva).

Sogamoso se ha unido con veinte y un pueblos que componen el respetable número de 40 mil moradores. El terreno es harto dilatado y produce anualmente una cantidad bastante a sufragar a sus propias necesidades y a las comunas de todo el reino. Su ubicación es ventajosa, como que es la puerta de la Provincia de los Llanos. Aunque se separe de Tunja, queda a ésta un territorio sobrado, con que puede sostener el decoro de cabeza de provincia”.

En la anterior declaración se puede constatar que los “40 mil moradores” pertenecían a los municipios que hoy integran la Provincia de Sugamuxi y que constituían, desde antaño, una unidad cultural, económica y social. Esta unidad era el principal motivo de intranquilidad de los mandamases, que arriesgaban el control sobre lo que describe a continuación el doctor Emigdio Benítez Plata, diputado de Sogamoso, en su informe al Congreso el 8 de enero de 1811:

¿Ignora acaso el doctor Torres que la situación geográfica de Sogamoso es de las mejores del reino: que su clima es el más saludable y cómodo, que comprende dilatados y deliciosos valles, extensos campos tan fértiles que solo los respectivos de sus Resguardos o dehesas, producen granos y frutos suficientes para proveer con abundancia las dos grandes provincias del Socorro y el Llano y pastos para recibir, hacer convalecer y cebar esas numerosas partidas de ganados vacunos que continuamente salen de la última, en términos de que Sogamoso sostiene siempre las crías y los abastos de carnes del mismo Socorro, pamplona, Tunja, Girón y esta capital?

Ignora también que Sogamoso es el puerto y el punto céntrico de las relaciones de comercio de las mencionadas provincias y particularmente de las dos primeras; que su feria o mercado apenas hay algún otro sitio que se le pueda comparar. Que por lo mismo sus entradas y salidas son cuantiosas y sus rentas públicas hacen un fondo de consideración capaz de sufrir los gastos de su organización, independencia y representación nacional y que los pueblos que se han unido a Sogamoso se componen de más de 30 mil habitantes, gran parte de ellos no solo medianamente acomodados, sino ricos y opulentos, como que dos pudieron solos ofrecer al cabildo de esta Capital, en los instantes más apurados de la tiranía del antiguo gobierno, dos mil cuatrocientos hombres armados, uniformados, sostenidos y asalariados a sus expensas por el tiempo que necesiten para acudirla y reparar el don divino de nuestra libertad (…)

En el momento de nuestra santa revolución, en el leguaje del doctor Torres y de sus secuaces, se rompieron los vínculos que ligaban a las Provincias con la Capital (Santafé). (…)

No podrá el doctor Torres que instalada la Junta de Sogamoso, la reconoció (…) y le libró el título de Villa y que librando a los indios de los tributos los declaró por españoles y dueños absolutos de sus respectivos terrenos o resguardos; y por supuesto, deberá confesar igualmente, que estos corresponden en propiedad a los habitantes de Sogamoso, que por ser naturales no se han degradado de la representación de ciudadanos. (…)7

El fin de una ilusión y el comienzo de otra

Se daba inicio así a la pugna que durante varios años opuso la sangre de los habitantes de la naciente Nueva Granada. Unos, partidarios de un Estado federativo sin perder sus privilegios y siempre atados al cordón español y los otros con miras a adquirir más libertad en la toma de sus decisiones, optaron por la secesión de sus Provincias, como en el caso de Sogamoso con Tunja.

En apariencia la posición de don Camilo Torres Tenorio podría pensarse que le era personal, sin embargo representaba y acogía la política del estamento criollo, no de otra manera se puede entender el apoyo que le ofreció la Junta de Santafé la cual inmediatamente se solidarizó con las declaraciones del señor Torres y jamás descalificó la forma despectiva como éste se refería a los habitantes de Sogamoso, por su condición de ser mayoría indígenas.

El 29 de diciembre de 1810 don Manuel Bernardo de Álvarez, representante de la provincia de Santafé y presidente del Congreso, recibió una nota del vicepresidente de la Junta Suprema don José Miguel Pey –hijo del verdugo de Galán y de Juan Lorenzo Alcantus— que muestra el espíritu de casta que inspiraba la camarilla criolla gobernante y del menosprecio con que sus procuradores miraban a las masas indígenas granadinas: «La Junta Suprema depositaria de los derechos del pueblo de Santafé, ha sido también conservadora de los que pertenecen a la ilustre provincia de Tunja…

Y continúa el señor Pey admirándose de cómo es posible que estando de las facultades del Congreso “están ceñidas a llevar la voz del Reyno para cuidar de la seguridad exterior y convocar una legítima representación nacional, (…) ha admitido en su seno, en calidad de provincia, al miserable pueblo de Sogamoso, dependiente de Tunja, que sólo se compone de indios que no han adquirido ni adquirirán en años los derechos activos de la representación civil, por la estupidez en que yacenPor estas razones el Poder Ejecutivo de Santafé, que gobierna según la ley, ha resuelto dar a entender a Ud., a nombre de su provincia y la de Tunja, cuyos derechos jamás abandonará, que… se abstenga Ud. de toda concurrencia (al Congreso) si no es con los legítimos diputados de las provincias antiguas… »8.

Le prohibían al doctor Álvarez su amistad e identidad política con los representantes al Congreso de Sogamoso y Mompox y le amenazaban con quitarle la representación. No obstante el rompimiento entre la Junta y el Congreso, algunos miembros de éste, entre ellos el doctor Emigdio Benítez, abrigaban la posibilidad de trasladar su sede a Sogamoso. Todas las intenciones por allanar las dificultades y las terribles pugnas suscitadas porque se reconociera la necesidad de contar con la totalidad de la población, fueron fallidas, el 12 de febrero de 1811 fue disuelto el primer Congreso y primer intento de construcción del Estado neogranadino. Inicia en esta fecha un periodo que, para algunos no ha terminado: La Patria Boba. Un periodo de politiquería barata, derramamiento de sangre fratricida y sobre todo de desgaste de energías.

Los patriotas no se imaginaron que un monstruo llegaría por la cabeza de absolutamente todos los que se disputaban entre sí. La bestia se llamaba Pablo Morillo y tanto a los que apoyaban y le oficiaron misas y vivas a Fernando VII, como a sus detractores, los asesinó inmisericordemente.

En 1816, don Camilo Torres y la mayoría de los líderes que participaron en los hechos del 20 de julio, fueron fusilados. El doctor Emigdio Benítez Plata distinguido prócer talentoso, entusiasta y enérgico defensor de la justicia fue fusilado el 6 de julio de ese mismo año.

Nueve años después se dio la Independencia de la Colombia de hoy, infortunadamente los cambios que reclamaron los Comuneros y las provincias de indios, mulatos, negros y criollos aún siguen sin resolver. Durante el siglo XIX hubo nueve guerras intestinas y otras 14 más ‘pequeñas’ regionales. El siglo XX amaneció con el enfrentamiento de los Mil Días y otro conflicto prolongado estalló a mediados, el cual aún estamos tratando de sofocarlo.

Gabriel Camargo Pérez, ilustre historiador sogamoseño y hasta ahora no dignamente reconocido por nuestra sociedad, al cerrar el capítulo Frustración y celo de una Provincia, de su obra citada acotaba en 1961: “La gente de esta rica y prestigiosa comarca, cuyo centro territorial y humano ha sido la ciudad de Sogamoso, ansiosamente reclaman, en unión de otras regiones y de nuestra hermana Casanare, la inaplazable erección de un nuevo departamento colombiano que, derivado del viejo tronco boyacense, nazca como retoño fresco de la patria hacia el aire propicio de los nuevos tiempos nacionales”.

Al doctor Gabriel Camargo Pérez se le cumplió el deseo parcialmente, porque nuestra Ciudad del Sol no quedó incluida en la creación del departamento de Casanare. Las aspiraciones de los sogamoseños por lograr el sitial que les corresponde en el contexto departamental boyacense continúan presentes.

Hoy, como hace doscientos ocho años, Sogamoso y la Provincia de Sugamuxi reclaman una adecuada atención presupuestal y política de parte del centralismo tunjano. La Constitución Política en su artículo 319 y la Ley 128 de 1994, nos ofrecen nuevas posibilidades para lograr una mayor preeminencia en el contexto nacional y departamental. La creación de un Área Metropolitana posibilitaría caminos de solución a los problemas que son sólo son tenidos en cuenta en los discursos de épocas preelectorales.

Es una sencilla reflexión sobre lo acontecido, la que debe guiarnos y darnos luces, como en la época de la ilustración, para poner sobre el tapete de nuestras actuales reivindicaciones, la voluntad que desde entonces reclama nuestra sociedad.

Sogamoso, septiembre de 2018.

11 Gabriel Camargo Pérez. Del barro al acero.

2 Diario Político No. 10, 25 de septiembre de 1810.

3 “Ausentado” en términos actuales es equivalente a desplazado forzado.

4 Citado por Gabriel Camargo Pérez en Del Barro al Acero.

5 Los grandes conflictos de nuestra historia, Tomo II. Indalecio Liévano Aguirre.

6 Del barro al acero. Gabriel Camargo Pérez.

7 Ibíd.

8 Indalecio Lévano Aguirre, Obra citada

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